Artículo de Darío Sanmiguel: La doble cara de la carrera a pie

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El origen y el destino del hombre es correr. El hombre no era el animal más rápido, más fuerte ni el que más saltaba. El hombre era el más resistente de todos los animales. Una biomecánica eficiente, una buena refrigeración y una inteligencia que le permitía seguir corriendo a pesar de estar fatigado, tener sueño y hambre. El hombre cazaba por persistencia. Es decir, perseguía a sus presas hasta que estas fallecían extenuadas, sufrían fuertes golpes de calor ya que el tener pelo no favorecía una adecuada termorregulación y otros se detenían simplemente por fatiga.

El hombre corría persiguiendo a sus presas para comer. Aún existen tribus que emplean esa técnica, como los Bosquimanos o los Raramuri (Tarahumaras), capaces de correr cientos de kilómetros seguidos persiguiendo a una presa. Pero también otras tribus corrían con otros fines, como los Kalenji. Ellos corrían para robar a otras tribus el ganado, al llegar al poblado eran recibidos como auténticos héroes y podían disponer de cuantas mujeres quisieran. Eso permitió hacer una autentica selección de los que corrían más rápido durante más tiempo.

Quizás esos fueron los orígenes de lo que ahora es una superpotencia de corredores como son los keniatas, muchos proceden de esa tribu. Pero la evolución, el tiempo y el progreso hizo que el hombre dejara de correr. No era necesario para comer. En ese momento apareció el terrible sedentarismo. Una situación peligrosa ya que el dejar de correr y con el cambio de los hábitos dietéticos aparece la obesidad, la hipertensión arterial, la gran mayoría de las diabetes y cifras elevadas de colesterol. Y a ello se suma el terrible tabaco. Son lo que actualmente denominamos factores de riesgo cardiovascular.

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Su presencia aumenta exponencialmente el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (Infartos de miocardio, cerebrales, angina o muerte). La principal causa de muerte en los países desarrollados y del occidente son las enfermedades cardiovasculares. Saltaron las alarmas, se habían identificado las principales causas que producía estas letales enfermedades. El mejor tratamiento era la prevención. Hacer ejercicio, abandonar el tabaco, dieta cardiosaludable y si no queda remedio, tratamiento farmacológico.

Hay que tratar todos los factores de riesgo, y así poder evitar el fatal desenlace. De todas las medidas la más eficaz, o mejor dicho, la más eficiente, es hacer ejercicio. De entre ellas la que cobra mayor protagonismo es la carrera a pie. Empezamos a correr para vivir más y mejor. Dejamos de fumar, cuidamos más la alimentación, nos sentimos mejor y especialmente sano. Mejora nuestro aspecto físico y ganamos en autoconfianza. Lo que nos permitía comer, ahora nos hace vivir mejor, sentirnos mejor. Pero esa dimensión de correr por la salud va difuminándose.

El hombre es competidor, le gusta enfrentarse contra sus semejantes, y lo que puede ser un arma de doble filo, contra si mismo. Aumentan tanto el número de competiciones como la del número de participantes. Una fiebre por competir contra el tiempo, una paradoja para aquellos que piensan que nosotros somos hijos del tiempo. La competición marca un antes y un después. Aquellos que participan creen que ello les permitirá alcanzar un cierto reconocimiento y prestigio social. Es cuando pasamos a correr para competir, para ganar. Volvemos a alejarnos de la senda de la esencia. Corremos al límite, nuestro objetivo no es comer, no es vivir, es ganar. Ello trae consigo de nuevo la tragedia.

Aparecen constantemente en los titulares de los medios de comunicación las trágicas noticias de que un corredor ha fallecido compitiendo en una carrera a pie. Algunos jóvenes y otros aparentemente sanos. Pero un denominador común, han fallecido mientras competían. La principal causa de muerte en los corredores no es otra que las enfermedades cardiovasculares. Ello hace cuestionar si correr es saludable. Lo que es indudable es que el sedentarismo mata a más personas que aquellos que realizan ejercicio físico regular. Pero nosotros hemos sobrepasado una fina línea.

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Nosotros competimos, superamos nuestros propios límites y eso es peligroso. Pero más peligroso es que muchos de los que fallecen no se han sometido a los oportunos reconocimientos médicos precompetición, cuyo objetivo principal es desacartar potenciales causas de muerte súbita de origen cardiovascular. No existe el riesgo cero, pero la experiencia demuestra que esos reconocimientos reducen más del 90% de las muertes súbitas en los deportistas, identificando aquellos deportistas aparentemente sanos pero que presentan ya algunas potenciales causas de muerte cardiovascular.

Muchos de ellos empezaron a correr, dejaron el tabaco, bajaron de peso pero empezaron a competir y no se sometieron a un detallado y minucioso reconocimiento, una especie de ITV. Si volvemos a la senda y hacemos las cosas bien, el ejercicio físico, y especialmente la carrera a pie es una potente herramienta generadora de salud. Y no nos olvidemos, nuestro origen y destino es correr.

Dr. Darío Sanmiguel. Corredor de Ultradistancia y Médico Especialista en Cardiología.