TV3 fomenta la pornografía entre los menores de edad

Análisis del programa

El día 20 de octubre se emitió en TV3 en el programa «La nit temática» un capítulo con el nombre «Generación porno». En el plató hubo varios jóvenes entre 14 y 20 años y numerosos invitados «expertos» en el tema, como son, una sexóloga feminista, un biólogo experto en neurociencia, dos directoras de cine porno, una de ellas también actriz porno, una inspectora de los Mossos de Esquadra, un perito judicial informático, forense, un (ex-)adicto a la pornografía, un psicólogo especializado en adicciones a las nuevas tecnologías y una psicóloga del «Centre d’Atenció a les Sexualitats».

Lo primero que choca ya de entrada es el título sensacionalista del programa que ya de por sí supone una etiqueta o estigmatización de la juventud, como muy bien dice la última invitada, María González, pero además, de forma más sutil, con este título se está insinuando la culpabilización de la gente joven, como si fueran todos unos adictos a la pornografía por malicia y voluntad propia.

Los mensajes subliminales generalmente tienen más fuerza que lo que se dice directamente; y en el programa no faltaron.

Otra cosa chocante para mi fueron las primeras palabras de la presentadora que dice que les importa la salud mental de niños y jóvenes. Esto no es nada creíble, puesto que está claro que lo único que les importa a los periodistas y a las cadenas de televisión son las cuotas de espectadores y cumplir con los mandatos informativo – «adoctrinantes» que les dictan sus financiadores. Si realmente les importase la salud mental y física de la juventud, en el 2020 no hubieran querido encerrar a los niños en casa, mientras los perros salían a la calle, no les hubieran culpabilizado por no querer taparse boca y nariz con un trapo inútil y que además les perjudicaba la salud física y mental y tampoco hubieran insistido en que se inoculasen con los venenos genéticos, experimentales, puesto que eran y son totalmente innecesarios porque los niños apenas enfermaban de aquella enfermedad que decían que circulaba ni era peligrosa para ellos.

Durante el programa hay varios mensajes que pretenden NORMALIZAR la pornografía, es decir, quitarle o rebajar su nivel de perversión (Para que me entiendas bien, cuando hablo de «perversión» me refiero a todo tipo de sexualidad que no está relacionada con el afecto. Y ya me dirás dónde está el afecto cuando una persona, joven o adulta, consume una película o imágenes pornográficas.) y negando que se trata de un fenómeno social, que, aunque es muy antiguo, no es deseable ni respetuoso con la dignidad del ser humano ni compatible con una salud sexual sana. Los mensajes «normalizantes» de la pornografía que nombran en el programa son los siguientes:

  • Hablan de normalizar la pornografía homosexual. Mi opinión: con esto dicen implícitamente que la demás pornografía ya está normalizada.
  • Mientras hablan las dos directoras de cine «para adultos» al fondo aparece un letrero que reza: «El porno no es malo».
  • Dicen que los niños, a partir de los ocho años, están preparados para que les hablen de sexualidad. Mi opinión: Por el otro lado el biólogo que sale en el programa dice muy claramente que el cerebro del un niño no está preparado para asimilar la pornografía (ni el de los adultos tampoco). ¿Entonces, de qué sexualidad les van a hablar a niños de 8 años? ¿No estarán creando confusión a los padres con estos mensajes contradictorios? Mas adelante retomaré el tema de si hay que hablarles a los niños de sexualidad.
  • Sostienen que la pornografía está pensada para que los adultos puedan explorar y experimentar su placer sexual. Mi opinión: ¿En serio? ¿Qué adultos necesitan experimentar su placer sexual con ayuda de la pornografía? Realmente somos una sociedad muy enferma si queremos vender la pornografía como una actividad sexual sana.
  • Nombran que en este programa se ha visto «pornografía ética». Mi opinión: Esto es un oxímoron o una paradoja. Cuando una persona tiene que exhibir su cuerpo en posturas sexuales o eróticas por dinero – aunque pueda sentir incluso placer en ello – no puede haber ética. Y si hay otra persona que consume pornografía – aunque esta se haga con más o con menos gusto – tampoco se puede hablar de ética.
  • También veo muy dudosa la intervención de una de las presentadoras al insistirles muchísimo a los adolescentes para que admitan en el programa, públicamente, si en alguna ocasión consumieron pornografía. ¿Esta exposición pública les beneficia en algo a los jóvenes asistentes al programa?

En general, lo peor del programa y lo más perjudicial para los jóvenes presentes en el plató y los muchos adolescentes que seguramente estaban mirando el programa desde sus casas fue que se invitara a dos directoras de cine porno y una de ellas actriz de este tipo de películas. Como adultas que son, evidentemente, son libres de dedicarse a lo que quieran. Incluso se puede decir que es arte lo que hacen, porque toda actividad creativa lo es y además intentan darle a sus películas un toque menos denigrante. Peeeero….

¿…QUÉ PINTAN EN UN PLATÓ DE TELEVISIÓN DONDE HAY UN GRAN NÚMERO DE ADOLESCENTES? ¿Qué intención pueden tener en TV3 con ello más allá de fomentar la pornografía entre los menores de edad? ¿Qué pretenden? ¿Qué hay detrás de esta invitación? ¿Se trata de un intento de incitar a la juventud a mirar las películas de estas dos señoras? ¿Es un intento de normalizar y hacer apetecible la pornografía? ¿Habrá algún adolescente de aquellos presentes en el plató o de los que vieron el programa desde casa, al quien aún no le haya picado la curiosidad y no habrá estado buscando las películas de estas dos señoras para iniciarse así en la pornografía? ¿Se trata de pervertir a los jóvenes, tal como prevé la asesina Agenda 2030, en su ODS número 5 y otros, que habla de la igualdad de género? Si quieres saber más sobre este tema puedes mirar esta conferencia.

En general, se puede decir que el enfoque del programa es muy simplista y se ubica dentro del paradigma mecanicista. Solo aparentemente, pretende transmitir que la industria pornográfica es mala, excepto cuando la hacen mujeres, y que la gente, especialmente los jóvenes, no saben consumirla correctamente. En ningún momento se vislumbra que aquí se trata de un tema altamente complejo y que, para encontrar una solución al problema, el enfoque debería ser profundo y multicausal.

Así que ¿hay que hablarles a los niños de sexualidad?

La respuesta a esta pregunta es más bien compleja, pero ya puedo anticipar que la respuesta es que no, al menos así no. En el contexto de la Agenda 2030 se ha puesto de moda que en el sistema educativo, en cada curso, empezando en P3, se les explica algún tema relacionado con la sexualidad. En cada Comunidad Autónoma tienen planes curriculares elaborados al respecto. En Cataluña el plan se llama CoEducat. La temática va desde el descubrimiento del propio cuerpo hasta el descubrimiento del cuerpo del otro, la masturbación, las posturas sexuales, la identidad de género, la orientación sexual, etc.

Viniendo de una cultura más bien católica-represiva y la incapacidad o enorme dificultad que tienen muchos padres de hablar con sus hijos de estos temas, se podría pensar que estamos ante de una apertura sana respecto a este tema tan delicado. Pero nada más lejos de la realidad. Como pasa tantas veces, hemos pasado de un extremo al otro. La sexualidad sigue siendo y debería seguir siendo un tema íntimo, personal y privado. ¿Por qué motivo se violenta a los niños a exhibir esta intimidad suya delante de 30 compañeros y unos adultos (maestros, profesores, monitores) a los que ni siquiera conocen? Por mi experiencia profesional sé que la mayoría de los adultos tienen algún tipo de perversión o disfunción sexual. Son dos cosas distintas pero ambas muestran que hay algún problema con su sexualidad. De ahí que dudo que estén capacitados de hablarles a los niños de sexualidad. Los niños absorben como esponjas todo tipo de energías y estados emocionales de los adultos que les rodean. ¿Quién me garantiza que los adultos que le hablan a mis hijos de este tema no les estén transmitiendo algún tipo de sexualidad perversa, aunque sea de forma totalmente inconsciente?

Pero es peor aún. Si tenemos a 30 alumnos en una clase o solo a 5 o a 10 en grupos de talleres de sexualidad, ¿todos estos niños están en el mismo nivel de madurez para poder y querer hablar de estos temas entre ellos y delante de algún adulto? ¿Todos estos niños están motivados y preparados para hablar de este tema? Solo hay que mirar las caras y escuchar lo que dicen los niños a los que entrevistaron, para ese programa de TV3, en una escuela primaria. Se miran tímidamente, están sorprendidos y quizás desconcertados e inseguros. La pregunta fue: «¿Sabes qué es la sexualidad?

Los que se dedicaron a elaborar el programa CoEducat y similares y los que están llamados a llevarlo a la práctica entre la población infantil y adolescente, es evidente que no tienen absolutamente ni idea de lo que es el desarrollo humano psico-corporal sano en todos los aspectos y muy especialmente en el sexual. Sería demasiado extenso para este artículo explicar en detalle cómo funciona el desarrollo de la sexualidad. Lo explico en esta conferencia.

Aquí solo puedo y quiero transmitir algunas ideas generales que hacen entrever hasta qué punto puede ser perjudicial hablarles a los niños de sexualidad:

  1. El ser humano está preparado y programado desde sus genes e instintos a descubrir por sí solo su propia sexualidad, su identidad y orientación sexual. Este descubrimiento comienza incluso ya en el vientre materno y se despliega a lo largo del desarrollo de forma natural y termina hacia los finales de las adolescencia.
  2. Ningún adulto debería intervenir en este despliegue natural de la sexualidad del niño, ni con la intención de reprimirla (haciéndole sentir sucio o pecaminoso), ni con la idea de fomentarla.
  3. La sexualidad infantil es absolutamente natural, sana, limpia e inocente. En el momento en el que un adulto interviene en ella, por muy buena intención que pueda tener, ya está pervirtiendo al niño porque desde el final de la adolescencia y según las vivencias personales que tenía, el adulto ya está muy lejos y muy desconectado de esta inocencia infantil. Su mirada hacia el infante es adultocéntrica y desde ahí, dañina para el niño.
  4. Toda intención de los adultos de «enseñar sexualidad» a los niños y adolescentes se ha de considerar como un intento de «sexualizar la infancia», es decir, precipitar en los niños la sexualidad más allá del desarrollo natural. Un adulto nunca puede «enseñar» sexualidad infantil. También es una paradoja igual que la expresión «pornografía ética». Si quiero pensar muy mal al respecto, incluso podría decir que detrás de la idea de «enseñar sexualidad» está el intento de eliminar la sensación de intimidad y la reserva natural que siente cada niño delante de los adultos, para allanarle el camino a la pederastia.
  5. Cuando acompañamos a un niño en su desarrollo en general y en concreto también en el desarrollo de su sexualidad, deberíamos tener en cuenta una regla de oro: No se le explica nada al niño, sobre ningún tema, al menos que el niño pregunte por ello. Si el niño no pregunta por la sexualidad, no se le habla del tema. Cuando el niño pregunta, quiere decir que está preparado para escuchar la respuesta.
    Lo que sí que sería importante es que los padres muestren una actitud abierta, no represiva y no juzgante para facilitarle al hijo que les pueda preguntar lo que quiera al respecto. Cada niño conocen perfectamente a sus padres y sabe si éstos pueden escuchar sus preguntas y responderle con cariño o si de lo contrario le van a reñir o a juzgar.
  6. No nos deberíamos preocupar por la educación sexual de los hijos ni fomentarla ni permitir que otros adultos la fomenten. Si los hijos quieren saber del tema y no se atreven a consultar a sus propios padres, se espabilarán, como hicimos la mayoría de los adultos en su momento, y buscarán información. No es la mejor opción, pero siempre es preferible a que otros adultos interfieran o adoctrinen a los niños en estos asuntos. En este sentido quiero nombrar como única nota positiva del programa, aparte de las intervenciones meramente informativas de la Mossa de Esquadra, del psicólogo experto en adicciones y del perito judicial, el Centro Joven de Atención a las Sexualidades, como un punto de referencia para los adolescentes interesados en el tema; ¡pero ojo!, siempre y cuando allí se limiten estrictamente a contestar las dudas concretas que les plantea cada adolescente y sin adoctrinarlos en ideologías de género y parecidas.
  7. Viendo que el despliegue de la sexualidad es un proceso natural, tampoco me parece buena idea controlar o reprimir su desarrollo. Con esto me refiero también al control parental respecto a la pornografía. Es mejor que los niños no tengan acceso a las pantallas hasta bastante mayores, pero que, cuando lo tengan, estén acompañados por un adulto que puede preguntarles por cómo se sienten con lo que están viendo. Dejarlos solos delante de las pantallas instalando un control parental no ayuda para nada a convertirlos en personas (auto-)responsables que sepan cuidarse a si mismos.
  8. ¿Qué seguridad pueden tener los padres entonces, delante de tantos peligros que acechan a los niños y jóvenes? Básicamente hay dos puntos muy importantes:
    a) generar una buena relación con los hijos desde una presencia respetuosa, afectiva y comprensiva en la que no faltan los límites puestos con mucho con-tacto. Es muy importante crear una relación de confianza, para que los hijos se atrevan a explicarles a los padres todo lo que les preocupa.
    b) educar a los hijos en la capacidad de decir que NO. Esto es lo mismo que decir, educarlos en la no obediencia y la no sumisión permitiéndoles afirmarse en su propia identidad y voluntad, es decir, justo lo opuesto a lo que quieren la mayoría de los padres y de lo que pretende el sistema educativo. Para ello, los padres deberían ser capaces de darles ejemplo a sus hijos y arriesgarse a decirle que NO a alguna autoridad, cuando sea necesario. ¿Como padre o madre te atreves a decir que NO cuando alguien te hace algo que no te va bien?
    Otra cosa muy importante en la educación en la no sumisión es permitirles a los hijos a decirles que NO a los propios padres. Esto no es fácil, pero es muy necesario si queremos que nuestros hijos le digan que NO a algún compañero o a algún adulto que quiera hacerle algo que no le genera bienestar (mostrarle pornografía, abusar de él, gritarle, juzgarle, humillarle, etc.

Resumen final

Para concluir, el tema de la pornografía, su consumo por parte de los menores y la educación afectivo – sexual en general, insisto que lo más importante es que los adultos no interfieran en el desarrollo natural de los niños. Han de confiar en que el despliegue de la sexualidad de los hijos se va a dar por sí solo, sin que ellos tengan que intervenir. No es nada que se tenga que fomentar. Lo único que deben hacer es ser receptivos, no reprimir y no juzgar.

Tampoco es bueno asustar a los niños respecto a ningún tema, pero tampoco con relación a la sexualidad. La sexualidad de por sí, no es mala ni pecaminosa ni sucia. Cuando los menores se encuentran de repente ante de una situación no deseada, por ejemplo la pornografía, un abuso, etc. ellos solo sabrán reaccionar correctamente si saben decir que NO. Meterles miedo de antemano a la maldad de los demás, solo sirve para que a la hora de la verdad se queden paralizados y bloqueados delante del agresor debido al miedo que les metieron los adultos.
En todo ello, la pornografía solo es un pequeño apunte en el gran mal que se les está causando a los niños y adolescentes desde el mismo momento de su concepción hasta el final de su adolescencia. En ningún momento hay respeto desde los sistemas sociales en general hacia su desarrollo natural y el desconocimiento de los adultos al respecto es enorme.

Los padres se creen ignorantes y desgraciadamente, entregan la educación de sus hijos al sistema, a las pantallas y a otros adultos. Pero esto justamente es un gran error, porque así dejan a sus hijos indefensos ante las agresiones del sistema. Solo los padres pueden querer a sus hijos genuinamente y este amor que sienten de por sí ya los capacita para hacerse responsables ellos mismos del sano desarrollo de sus retoños. Sería muy importante que los padres recuperen esta responsabilidad suya, reclamen la educación de sus hijos para ellos y que busquen conectarse con ellos mismos y con sus hijos emocionalmente, para comprenderlos mejor. Por mucho que digan lo contrario, los hijos son de los padres y no del estado.


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